1
La respiración de los dos se entrecortaba. Estaban sentados, hombro con hombro, apoyados en una caja. Los dos hombres se miraron y se sonrieron. Alzaron sus manos. Uno, el más alto y de cabellos negros, llevaba dos Berettas. El otro, de pelo rojizo, portaba sendas Glock. Acababan de recargarlas con sus correspondientes balas de nueve milímetros Parabellum. Munición corriente para pasar desapercibidos.
Se levantaron de un salto y salieron por cada uno de los dos lados de la caja de madera. Comenzaron a disparar. Y aquellos a los que disparaban se defendieron. Los dos salieron corriendo al tiempo que sus armas escupían fuego. El alto disparó contra una ventana y los dos saltaron por ella. Estaban en una planta baja. Mientras el alto abría un coche y lo encendía, el otro abatía a aquellos que se asomaban por la ventana.
Chirriaron las ruedas y el vehículo salió a toda velocidad por la puerta del garaje.
-¿Por qué siempre coges los más llamativos, Iván?- preguntó el bajito, que hacía las veces de copiloto.
-Porque suelen ser los más rápidos. Y eso nunca viene mal, Iker- respondió Iván señalando el retrovisor. Los perseguían.
-¿Cuántos caballos tiene éste?- preguntó Iker, alguien para el que un coche era un objeto con cuatro ruedas, simplemente.
-No estoy seguro, pero seguro que más de trescientos. Puede que más de trescientos cincuenta.
Iker observó el habitáculo, pero pronto tuvo que mirar al frente ante los bandazos que daba el coche.
-Es grande para tener dos plazas. ¿Qué es?
-Un Corvette-respondió Iván.
Ninguno de los dos dio importancia al hecho de que fueran perseguidos por una banda de matones armados dispuestos a exterminarlos. Los dos eran exterminadores, por lo que no se preocupaban mucho. Además, Iván era especialista a altas velocidades y aquel vehículo era muy rápido. Ya habían hecho eso otras veces, e Iker aún recordaba con angustia los momentos que vivieron cuando el coche más rápido que encontraron fue un Peugeot de setenta caballos.
De pronto, Iker se percató de que un coche se había puesto a su lado. Iván evitó que chocara con ellos dando un volantazo. Iker miró al conductor del vehículo vecino y bajó la ventanilla eléctrica. Sacó la pistola y disparó a quemarropa. Metió el brazo y mientras se cerraba la luna con un zumbido electrónico, el otro coche se empotraba contra una pared al haber perdido conductor que lo guiara.
Una vez eliminado el único coche que podía competir en velocidad con el Corvette, dieron esquinazo a los demás sin muchos problemas.
2
Las luces del coche se apagaron. Iker miró con asombro a Iván mientras sacaba las llaves del contacto.
-¿De dónde coño has sacado las llaves del coche?
-De la oficina. Tienen apertura a distancia. Le di al botón y se encendieron los intermitentes de éste.
Los dos bajaron del coche y fueron al restaurante del hotel. Llegaban justo para cenar. Se sentaron en la mesa tras servirse del buffet libre.
A Iker le atraía la enigmática figura de su compañero de andanzas. Llevaban dos meses trabajando juntos asesinando por encargo, moviéndose de aquí a allí, según donde los llamaran. Iker quería conocerle más a fondo. No parecía tener más años que él, veintidós. Y si los tenía, eran pocos. Por eso le intrigaba ver que Iván tenía tanto pasado por ocultar. Comieron el primer plato en silencio. Iker una paella e Iván una ensalada. El primero avanzaba más rápido, puesto que el segundo parecía pensativo.
Cuando Iker concluyó la paella, mientras apartaba la vajilla y se preparaba para comer un muslo de pollo con patatas, dijo:
-¿Tú por qué empezaste en esto?
Iván lo miró serio. Pocas eran las veces que hablaban de ellos, y casi siempre lo hacía Iker. Sin embargo, siempre eran sinceros el uno con el otro. Se conocían desde hacía poco tiempo, pero ambos tenían gran confianza el uno en el otro. Imprescindible dado el trabajo que tenían.
-Por amor- acabó por responder Iván.
-¿Amor?
-Sí.
-Lo siento. Se me hace raro. No es un motivo normal. ¿Cuánto tiempo llevas en esto?
-Dos años- Iván contestaba, mas no parecía permanecer atento a la conversación.
-¿Ella te pidió que hicieras esto?
-No. Yo la quería. La quiero. Mucho.
-¿Morirías por ella?
-No creo que esa sea la pregunta.
Iker sonrió:
-¿Matarías por ella?
-Prefiero no hablar de ello.
Se sumieron en un silencio que no les resultó incómodo, a pesar de que para muchos lo sería.
Llegó una chica de ojos verdes y pelo castaño. Se sentó con ellos a la mesa. Entregó un sobre que recogió Iván.
-¿Nuestro nuevo trabajo, Laura?- preguntó Iker.
-Sí- respondió sin mirarle la chica.
Miraba a Iván, pero éste leía el encargo anotado en un papel en el interior del sobre. Cuando terminó, dijo:
-Muy bien. Diles que aceptamos el trabajo.
Laura puso cara de derrota, asintió y se marchó.
-Está buena, ¿qué no?- preguntó Iker.
Iván la miró alejarse.
-Bueno.
-No me digas que no, porque si no es que eres gay. Está buena.
-Ya te he dicho que yo estoy…
-Sí, enamorado. Pero reconoce que te la tirarías.
-Toda para ti- Iván parecía enfadado, intentado cerrar el tema.
-Lo siento, pero sólo tiene ojos para ti. Te lo juro.
Iván miró a Iker. Sostuvo su mirada durante unos instantes antes de proseguir con el pollo. Como su compañero no dejaba de mirarlo, se levantó diciendo:
-Voy a por el postre, ¿quieres algo?
Iván tardó en contestar:
-Helado.
-De fresa, claro.
3
Fueron caminando hasta el restaurante. Querían andar. Durante el camino fueron en silencio. Había servicio de aparcacoches en el local. Mientras Iker se encargaba de distraer al encargado, Iván robó unas llaves del panel. Iba a coger las de un BMW, mas se arrepintió al ver en un llavero el dibujo de una serpiente. Sin duda, aquellas llaves debían pertenecer a un Dodge Viper.
Iván se reunió con Iker, que con maestría se libró del encargado del parking y entraron en el restaurante. El jefe de camareros se acercó para ver qué deseaban.
-Ahí veo a nuestros amigos- respondió amigablemente Iván.
Los dos avanzaron hasta una mesa con quince comensales. Mientras se acercaban, Iker comentó:
-Dos pistolas con disparo en ráfaga no van a ser suficientes. Deberíamos haber traído unas metralletas.
-Yo he traído
-Ya. Eso me tranquiliza muchísimo.
Llegaron hasta la mesa. Aquellos que comían los miraron sorprendidos. Con sendas sonrisas, Iker e Iván sacaron dos pistolas cada uno con las que ametrallaron cada uno de los quince cuerpos. Salieron a la carrera empujando a los camareros.
Llegaron hasta el aparcamiento. Corrieron entre los coches buscando el que les correspondía.
-¿No se tenían que encender los intermitentes?- preguntó Iker alarmado.
-No.
-¿Por qué?
-Un capricho.
Iván se detuvo frente a un deportivo negro. Un Chrysler Dodge Viper. La llave abrió a la primera. El motor se encendió con un suave zumbido. Iván conducía, como siempre. No es que Iker no supiera, es que su compañero lo hacía mejor. En cuanto las ruedas del Viper tocaron el asfalto de la calle, comenzaron a oír las sirenas.
-Joder, ya están aquí- dijo Iker.
-Tranquilo. Con esto no nos pillarán.
Iker miró el coche y preguntó:
-¿Más de trescientos caballos?
-Más de cuatrocientos cincuenta.
-No sé, yo sólo veo que tiene dos plazas. Y con dos plazas no se puede hacer el amor con una tía.
Iván ya lo había puesto a ciento diez en plena ciudad, pero el coche apenas parecía sentirlo.
4
Los dos estaban apoyados sobre una barandilla. Observaban sus dos nuevos coches.
-¿Cuál te gusta más?- inquirió Iker.
-El Viper.
-¿Cuál?
-El negro.
-Ah. Estupendo. A mí me gusta más el púrpura.
-Vamos a comer.
5
Habían pasado la tarde en la piscina, en unas tumbonas, viendo pasar a las chicas en bikini. Cuando estaba anocheciendo, fueron a vestirse para cenar. No hubo ni rastro de Laura.
Comenzaron a cenar en silencio, hasta que Iván dijo:
-Ayer me preguntaste algo y yo dije que prefería no hablar de ello.
-Ah, sí. No importa. No hace falta que me lo cuentes.
-Prefiero no hablar de ello, pero prefiero más contártelo. Quiero que sepas con qué gente te mueves.
-Adelante.
-Hace dos años que no la veo. Pero aún así sólo pienso en ella. Yo era un chico relativamente normal. Fui educado como militar desde pequeño, pero preferí desvincularme de ello. Mis padres tenían dinero, así que siempre tuve lo que quise. Y lo que me gustaban eran los coches. Solía correr en carreras de coches tuneados. De ahí que conduzca así.
»A ella la conocía desde hacía un tiempo, pero hasta hace tres años, creo, no empecé a fijarme en ella. Se llamaba Eva. Yo tenía veinte. Ella quince.
-No hay tanta diferencia de edad. Ahora tendrá dieciocho. Puedes…
-No. No huí por su edad. Evidentemente, me daba cosa esa diferencia de edad, pero no es para tanto. Mis padres se llevaban diez años. Y conozco de casos de hasta quince. No, no fue eso.
»Yo tenía un amigo. Tenía muchos, pero ése era especial. Podíamos hablar de todo sin problemas. Éramos nuestros mutuos confidentes. Sin embargo, lo de ella se lo oculté. No sé por qué, pero no le dije nada. Él sabía que me había enamorado de una, pero no conocía su nombre. Esperaba que yo decidiera el momento adecuado para decírselo. Ella era amiga de los dos.
»Un día decidí hacerlo. Decidí contárselo. A él le gustaba otra. El día anterior habíamos estado hablando de ella. Pero ese día se me adelantó. Había estado con ella. Aquello me llenó de celos. Alguna vez, de broma, le había dicho que a ella le gustaba él. Me dijo que ella había estado muy cariñosa con él, haciendo bromas poco comunes en ella sobre un presunto noviazgo entre los dos.
»Estábamos en su casa. Y yo, a cada palabra que pronunciaba él, llenaba más mi recipiente para los celos. Cuando calló tenía dos opciones, contarle lo que había ido a contarle o acallar a mis celos. Me levanté para coger agua y en una tabla donde había un montón de cuchillos clavados pude ver uno de carnicero. De estos anchos que utilizan para partir huesos. No era tan grande como el de las carnicerías, pero tenía su buen tamaño. Lo cogí y, cargado de ira, lo maté.
Hubo un silencio. Iker preguntó:
-¿Huiste?
-No. En ese momento no. Me marché a casa confundido. Me cambié la ropa manchada de sangre y me conecté a Internet. Allí estaba ella. Hablamos. De broma le comenté mis dudas, para que no se notase que yo la amaba. Me contó una versión muy convincente de los hechos. No pensé que a ella le gustase él. Creí ver fantasmas donde no los había. Entonces decidí huir. No quería hacerle más daño a nadie por mis celos.
-¿Te arrepientes de lo ocurrido?
La pregunta no pareció sorprender a Iván, que a pesar de ello, se tomó su tiempo para contestar:
-No. Me arrepiento de ser como soy, pero no de haber hecho lo que hice. Fue un aviso. ¿Recuerdas que me preguntaste si estaba dispuesto a morir por ella? Creo que sí. Creo que estaría dispuesto incluso a morir por aquellos a los que quiere, para que no tenga que prescindir de ellos. Pero la pregunta que me atormenta es si estaría dispuesto a matar por ella. Y me atormenta porque sé la respuesta. Un sí rotundo.
-¿Aún la quieres? Quiero decir tanto como antes.
-Sí. Puede que incluso más.
-Otra cosa: ¿te marchaste por no hacer más daño a los demás, o para que ella no pudiese hacerte más daño a ti?
Esa pregunta sí pilló de sorpresa a Iván. No supo qué contestar.
6
La noche había sido movida. Habían ido a una discoteca y trasnochado un poco. Iker se levantó pronto, desvelado. Se duchó con agua fría y salió a dar un paseo. Acabó en el bar de la piscina tomando un refresco.
Llegó Laura y se sentó junto a él. Le entregó un papel.
-¿Es un nuevo objetivo?-preguntó Iker.
-Sí. ¿E Iván?
-En la habitación, dormido.
-Es un empresario, me han dicho.
-Habrá que hacer un viaje de una horilla, más o menos- Iker tomó la dirección en un papel y le devolvió la nota a Laura-. Iré yo sólo. Un empresario no puede estar muy protegido. Si se despierta Iván, le dices que he ido yo. Si eso, que me llame al móvil.
-Vale.
7
Iván se levantó y se duchó con rapidez. Fue al bar del restaurante para ver si se encontraba a Iker. Vio a Laura y la invitó a almorzar.
Estaban sentados en la terraza cuando Iván preguntó:
-Por cierto, ¿sabes dónde está Iker?
-Sí. Ha ido a hacer un trabajo. Ha dicho que lo hacía él, para no despertarte.
Laura buscó la nota y se la tendió a Iván. Trajeron dos cafés y dos cruasanes. Laura agradeció el servicio al camarero. Cuando volvió a posar la vista en el chico, vio la preocupación dibujada en su rostro.
-¿Hace cuanto se ha ido?- quiso saber Iván.
-Una media hora, más o menos. ¿Pasa algo?
-Mierda-Iván cogió el móvil y llamó a su compañero-. No lo coge.
-¿Pasa algo?
-Nada- dijo Iván mientras dejaba un billete sobre la mesa-. Tengo que irme.
8
Iván entró en la habitación como alma que lleva al diablo. Cogió del cajón de la mesilla un Águila del Desierto, una pistola más grande que su tan utilizada Beretta, y las llaves del Viper. Junto a éstas estaba cargándose el móvil de Iker. Negó con la cabeza y salió corriendo.
Las ruedas del Viper chirriaron. Tenía que llegar antes que Iker.
9
El Viper derrapó parando junto al Corvette.
Ella vivía en un pueblo. No debía ser difícil encontrarla. Tras un corto rato buscándola, la localizó junto a su mejor amiga. La vio tan guapa como siempre. Se acercó a ella, que parecía asustada y contenta al mismo tiempo de verle.
-Eva, ¿dónde está tu padre?
-Iván…
-Tienes que decírmelo.
-¿Pasa algo? Hoy estaba de vacaciones. ¡Ah, no, espera! Tenía comida del trabajo. Están en el merendero.
-Bien. Dime donde es.
-Te acompaño.
-No, voy yo solo. Dime donde es.
-No. Si le pasa algo a mi padre, quiero saberlo. Te acompaño.
Iván no se atrevió a llevarle la contraria. Dejó que lo guiara hasta un merendero que había a las afueras del pueblo. Estaban todos los compañeros de trabajo del padre de Eva, pero no él. Les dijeron que había ido a recoger al río las bebidas, que habían dejado para que la corriente las enfriara.
-Ahora sí que debes quedarte aquí- dijo Iván.
Salió corriendo, y cuando creyó que nadie lo veía, sacó la pistola. Vio al padre de Eva agachado con las bebidas, mientras que Iker le apuntaba escondido entre los árboles. Iván apuntó a su compañero de hazañas mientras gritaba:
-¡Iker, no!
Iker miró a Iván y avanzó, sin dejar de apuntar al padre de Eva, para dejarse ver. El padre de la chica los miró anonadado.
-¡Has delatado mi posición y mi nombre auténtico!- dijo Iker- ¡Es un gran fallo!
-¡Eres tú!- dijo una voz femenina- ¡Tú lo mataste! ¡Mataste a Javi! ¡Lo que decían era cierto!
-Eva, márchate- dijo Iván.
-Es un trabajo, Iván, y lo voy a cumplir, te guste o no.
-No lo entiendes, Iker. Es su padre. Es el padre de Eva.
Iván caminaba para interponerse en su camino. Eva, al darse cuenta de repente de lo que ocurría, corrió para servir de escudo a su padre. Iker dejó de apuntar por un instante, pero no bajó el arma.
-Tú no eres el objetivo, pequeña. Apártate.
Iván llegó hasta estar en medio de Iker y Eva. Los dos asesinos profesionales se apuntaron mutuamente.
-Iván, aparta.
-No.
-¿Por qué tienes tanto interés en salvarla?
-Porque la quiero. Ya lo sabes.
-¿Más que a tu vida?
-Sí. Vamos. Aún estás a tiempo.
-Negativo. No puedo dejar un trabajo a medias.
Iván bajó el arma.
-Vamos. Déjalos.
-No sé a qué viene tanto interés. Por su culpa mataste a tu amigo. A tu único confidente. ¡Mataste a lo más difícil de conseguir sólo por los celos que te daba esa ramera!
-¡No la trates así!- gritó Iván alzando de nuevo el arma.
-Está bien, está bien. No era mi intención.
Iván bajó el arma.
-Por favor te lo pido, déjalos en paz.
-¿Recuerdas que me dijiste que no te arrepentías de haber matado a tu amigo, sino de ser como eres? Sé que no te arrepientes, pero aún te duele haberlo matado. ¿Recuerdas que dijiste que darías tu vida por la de ella y por la de sus seres queridos? Debes una vida, y te voy a dar la oportunidad de redimirte. Lo siento, pero esto me duele más que a ti.
Iker dejó de apuntar a la cabeza y lo hizo al esternón de Iván. El hueso pararía la bala, pero mataría con toda seguridad al chico. Antes de disparar, Iker volvió a susurrar:
-Lo siento.
Disparó.
Salió corriendo, el sacrificio de su compañero no solo salvaría a Eva y su padre, sino que además le daría tiempo para huir a él.
Como era predecible, ella corrió hasta Iván, que caía al suelo.
-¡Iván! ¡¡Iván!!- decía mientras lloraba y lo abrazaba- ¿De qué celos hablaba? Yo te quería a ti. Yo te quiero a ti. Oh, Dios mío, lo siento. ¡¡¡IVÁN!!!
Eva nunca llegó a saber si Iván la escuchó o no. Tardó pocos segundos en morir. Pero aún respiraba mientras que ella hablaba. Su último estertor lo dio con los labios pegados a los de la chica. Ella esperaba que sus palabras, aunque Iván no estuviera consciente, hubieran quedado grabadas en su cerebro. Que su inconsciente se hubiera enterado. Deseaba fervientemente que Iván hubiera muerto sabiendo la verdad.
Aunque, claro, eso nunca lo supo.
2 comentarios:
Muy bonito! me ha gustado mucho... parecia un poco largo pero ha merecido la pena leerlo :):)
esto... yo Juan no lo he entendido bien... no me ha quedao claro quien es quien... bueno esta claro q es xq no me entero de na.. ya me lo explicaras cuando tngas tiempo xD
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